100 años de ATE Entre Ríos: un siglo forjando Dignidad y Soberanía

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Nacimos un 9 de febrero de 1925, cuando trabajadores asociados a la Resistencia Obrera del Ministerio de Obras Públicas (MOP) Sección Paraná, deciden en Asamblea incorporarse a la Asociación de Trabajadores del Estado. Sumándose así al impulso de los obreros de los talleres del Riachuelo y la zona portuaria para dar vida a nuestra organización.

Por aquel entonces, la gran mayoría eran jornaleros. Trabajaban 10 horas por día, sin descanso dominical ni licencias por enfermedad. El régimen de pagos era un sufrimiento constante y los ascensos no existían; dependían de la “cuña” o el favor de algún político influyente. Contra esos padecimientos, empezamos a caminar como trabajadores del Estado.

Desde aquellos primeros pasos, nuestra ATE Entre Ríos ha sido refugio y trinchera. Atravesamos contextos políticos diversos, crisis y transformaciones, siempre en una puja constante entre la conquista de nuestros derechos y los violentos intentos de retroceso.

Tras el golpe de 1930, enfrentamos la persecución en la clandestinidad, sentando las bases de lo que luego sería una explosión de afiliaciones.

Con la llegada del peronismo en 1945, vivimos una etapa de institucionalización y conquistas. Fue una época de expansión de derechos sin precedentes, pero también de grandes debates internos sobre la autonomía sindical. En esos años, la clase trabajadora logra transformar sus condiciones de vida a partir del reconocimiento de los derechos laborales que adquieren rango constitucional. Estabilidad laboral, aguinaldo y vacaciones pagas, la creación de la Caja de Jubilaciones para garantizarnos un retiro digno, se establecieron las licencias por nacimiento y el derecho a la estabilidad laboral durante el embarazo. Pasamos de ser inquilinos a propietarios mediante préstamos hipotecarios y conocimos el mar y la montaña con el turismo social. El Estado, por primera vez, nos reconoció como trabajadores con derechos. Este período fue, también de miconsolidación territorial. El sindicato pasó de ser una organización de resistencia a convertirse en una estructura de masas, un organizador y actor fundamental en la vida política del país.

Sin embargo, tras el golpe de 1955, entramos en un ciclo de intervenciones y lucha. Fuimos protagonistas de la “Resistencia”, defendiendo el patrimonio público ante cada intento de privatización. Más sdelante, la dictadura cívico-militar-eclesiástica iniciada en 1976,  nos asestó el golpe más duro. El sindicato fue asaltado por las fuerzas militares. Muchos de los nuestros fueron cesanteados, perseguidos, encarcelados o desaparecidos.

Clandestinamente, bajo el oscurantismo de la sangrienta dictadura, fuimos forjando la Agrupación Nacional Unidad y Solidaridad de la Asociación Trabajadores del Estado (ANUSATE). De la fundación, en la Casa Nazaret, participaron representantes de 7 seccionales y del Consejo Directivo Nacional, no más de 20 o 30 compañeros. Militantes y dirigentes de ATE San Martín, Capital
Federal, Borghi, Rosario, Villa María, Ingeniero White, Corrientes, Concepción
del Uruguay y un integrante del Consejo Directivo Central de ATE Nacional le
dieron forma a la ilusión de recuperar ATE para los trabajadores del Estado y
luchar contra la dictadura por el retorno de la democracia.

Con el regreso de la democracia, iniciamos nuestra normalización. El hito fundamental fue en noviembre de 1984, cuando con la lista de ANUSATE recuperamos el gremio para las bases, devolviéndole la autonomía, federalismo y amplitud democrática que nos definen hasta hoy.

Los años 90 y el 2001 fueron nuestras pruebas de fuego. Tras la recuperación, debimos enfrentar uno de los periodos más hostiles para el trabajo público: el gobierno nacional impulsó la Reforma del Estado bajo el lema “achicar el Estado es agrandar la Nación”. Fue una lucha desigual contra las privatizaciones de empresas públicas y el desguace de organismos claves.

Resistimos la reforma estructural y el achique del Estado del gobierno de Mario Moine, en total consonancia con las políticas neoliberales de Carlos Menem. Fue una época de mucha tensión de calle. En esto, la Ley 8706 de Emergencia Económica fue el símbolo del ajuste: ya que permitía la disponibilidad del trabajador, jubilaciones anticipadas obligatorias y el recorte de adicionales. Bajo la narrativa de la “modernización” y el “equilibrio fiscal”, esta norma se convirtió en la herramienta legal para desmantelar conquistas históricas. También se avanzó con la venta de empresas estatales provinciales (como el frigorífico Santa Elena). En este contexto, fuimos protagonistas de masivas movilizaciones a la Casa Gris y consolidamos nuestro perfil combativo.

Y si Moine fue el ajuste, el gobierno de Sergio Montiel fue el colapso. Padecimos la estafa de los bonos “Federales” que pulverizaron nuestros salarios: cobrábamos “papelitos” que se devaluaban en los comercios. Durante el gobierno radical, peleamos por nuestra supervivencia y por la dignidad del salario bajo el default provincial. La provincia ardió y nosotros estuvimos ahí, organizados: con nuestros chalecos verdes, en los cortes, en las asambleas y en las tomas. Latía en todos lados la convicción clara de estar en la calle. La conflictividad fue extrema. El estallido social se desató y la represión fue brutal. Tanto que se llevó las vidas de Romina Iturain, Eloísa Paniagua, José Daniel Rodríguez en Paraná y del entrerriano “Pocho” Lepratti en Rosario, asesinados por la policía mientras reclamaban por pan, trabajo y justicia. Sus vidas son irreemplazables.

En esos momentos desoladores, nos sublevó la solidaridad de clases. Fuimos primera fila del Argentinazo. Integramos la Multisectorial de Trabajadores, formamos parte de movilizaciones masivas en Paraná, Concordia y otras ciudades, enfrentamos la represión y exigimos el fin de las políticas de ajuste. También conformamos, junto a otros gremios hermanos, el Frente Estatal, y realizamos acampes históricos frente a la explanada de la Casa de Gobierno. En este contexto de hambre y crisis, profundizamos nuestro rol social, entendiendo que la lucha por el Estado era la lucha por el bienestar del pueblo.

En los momentos actuales, ante la fuerte ofensiva patronal del gobierno de Javier Milei, y el claro alineamiento del gobernador Rogelio Frigerio, con su política de ajuste y empobrecimiento, traemos a la memoria aquellos duros años de nuestra historia, porque, como dice el lema, tan válido ayer como hoy, “si el presente es de lucha, el futuro es nuestro”.La experiencia nos enseñó que cuando nos dicen que el Estado es el problema, nosotros demostramos que el Estado es el único que puede garantizar igualdad y equidad. Los trabajadores estatales somos garantes de derechos.

Cumplimos 100 años. Somos un siglo de lucha, grandeza y orgullo estatal. Llegamos al centenario mirando hacia atrás con orgullo por los logros obtenidos: la estabilidad laboral, las paritarias, la formación continua y la solidaridad orgánica. Pero sobre todo, miramos hacia adelante. En un mundo que cambia velozmente, reafirmamos nuestro rol como actor fundamental en la construcción de una provincia más justa, equitativa y soberana.

¡Si el presente es de lucha, el futuro es nuestro!