EL CORDOBAZO, PUNTO DE INFLEXIÓN DEL MOVIMIENTO OBRERO. Por Víctor Sartori

  Mucho se ha escrito de los acontecimientos ocurridos en Córdoba los días 29 y 30 de mayo de 1.969, mucha agua ha corrido bajo el puente desde entonces a 48 años de aquellos hechos que conmovieron a La Argentina, y que cada aniversario nos convoca en el análisis del desarrollo, sus antecedentes, detonantes, consecuencias y enseñanzas.

   El contexto lo ubica desde lo externo en la influencia de las luchas de liberación que recorrían el mundo colonial de entonces, el prestigio e influjo de las revoluciones soviética y china, la reciente y cercana revolución cubana y el movimiento estudiantil que estalló en el mayo francés.

   En lo interno encontraba al país bajo el gobierno oligárquico y de facto de Onganía que, en medio de una situación opresiva generalizada fue creando una complejidad explosiva a partir del accionar represivo que en 1966 ya había roto con la autonomía universitaria en la llamada “noche de los bastones largos”, despidiendo a cientos de profesores e investigadores. En tanto se había congelado el salario, suspendido gran cantidad de personerías gremiales, se había dictado una ley que reprimía huelgas y manifestaciones, se modificó la Ley de Indemnizaciones por Despidos y aumentó la edad para jubilarse, se dictó la llamada “Ley de Represión del Comunismo” y se encarceló y persiguió a miles de militantes políticos y sindicales.

   El cercenamiento de derechos laborales generales y locales, sumado a un movimiento obrero muy politizado que además venía de la reciente formación de la  CGT de los Argentinos con su combativo programa, un movimiento estudiantil que discutía y luchaba al influjo de la Reforma Universitaria de 1.918, junto al exilio y proscripción de Perón en su carácter de líder de cientos de miles de obreros, conjugaba los elementos objetivos y subjetivos que determinó el estallido insurreccional obrero-estudiantil argentino más importante del Siglo XX.

   Es harto conocido que en esos días las autoridades fueron desbordadas por completo por la acción  de miles de trabajadores y estudiantes que contaban con la solidaridad del pueblo. La policía, impotente, debió guarecerse en comisarías y jefaturas. Finalmente el ejército se impuso pero el gobierno nacional quedó herido de muerte, Onganía renunciaría al año siguiente. Años más tarde el general Sánchez Lahoz, comandante del Tercer Cuerpo de Ejército y encargado de la represión, diría: “Me pareció ser el jefe de un ejército británico durante las Invasiones inglesas. La gente tiraba de todo de sus balcones y azoteas…”

   Como consecuencia político-sindical, el Cordobazo dio lugar al fortalecimiento de las corrientes clasistas en los centros fabriles que se caracterizaron por la relevancia y protagonismo de los cuerpos de delegados y Juntas Internas, distinguiéndose dirigentes de gran protagonismo como Agustín Tosco, René Salamanca y Atilio López.

   En su dimensión política, significó un punto de inflexión que colocó al movimiento obrero en la escala de protagonista principal en la defensa e impulso de los intereses populares. Este influjo y ascendencia en la política determinaba claramente poner en peligro la hegemonía de las clases oligárquicas dominantes, las cuales más tarde  maniobraron complotándose para producir el más formidable y artero ataque a la nación con el golpe de marzo de 1.976, perfectamente orquestado para abortar el periodo de ascenso de la clase obrera con la planificación deliberada de miles de luchadores desaparecidos, muertos, torturados y presos.

 Como reflexión final podemos quedarnos con la enseñanza ampliamente demostrada en cada oportunidad de que el movimiento obrero fue y sigue siendo el factor central y aglutinante que, puesto a andar, puede llevar a romper las cadenas de la opresión.

  Actualmente recorren el mundo y el país tendencias que corren la posibilidad de cambios profundos, para contentarse solo en los límites de “lo posible” políticamente: corrientes posmodernas  que no llaman o no ven la necesidad de luchar contra el capitalismo o la relativizan, son posiciones  fragmentarias, relativistas, que pregonan la existencia de la realidad construida desde el relato, desde el lenguaje desprovisto de arraigo, inclusive sin sujeto histórico ni centralidad.

   Nos cabe a nosotros poner el movimiento obrero en el necesario rol central para dirigir e impulsar, en el marco de la realidad presente, la liberación de nuestros pueblos, aprendiendo de las enseñanzas que hoy podemos extraer del Cordobazo a los 48 años de aquellos históricos acontecimientos.

                                                                                                                 VÍCTOR SARTORI

Secretario de Organización

Consejo Directivo Provincial ATE Entre Ríos.

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